Ara mateix


Cridem qui som i que tothom ho escolti.
I en acabat, que cadascú es vesteixi
com bonament li plagui, i via fora!,
que tot està per fer i tot és possible.


Miquel Martí i Pol

sábado, 13 de febrero de 2016

George Orwell - citas




 




“En época de mentiras, contar la verdad se convierte en un acto revolucionario”

 George Orwell





ENLACES
George Orwell

jueves, 11 de febrero de 2016

Els homes ploren - Dolors Renau




Els homes ploren
Com un roc contra el vidre de la finestra
Es trenquen en mil  bocins

Ploren alguns.
0 tots  ploren, alguna nit .

Homes que venen  de lluny
amb els peus nus: han perdut les sabates
pels deserts o a les aigües del mar nostre
a tocar de platja.
Seuen molt  junts sobre la sorra. Arraulits, .  
atien focs  amb   branquillons i   brossa.
Les miren, les miren:
tremolen massa les flames, única llum en   la nit ..
son ells que ploren i ploren.

O a ciutat, confosos amb  l’ombra de les parets     
 caminen i caminen 
pels  carrers  d’altaveus amb llums de purpurina  
a les golafres  boques   de les botigues.
I els que van carregats de paquets passen.
Parlen i riuen
Ells  caminen i  caminen.

Però l’aire  a  platja  i  a ciutat   
put a aigua estancada,  a llàgrima no recollida.   
I ja no es respira be
i la gent  s’explora  el rostre al mirall de casa
o se’n  va al metge,
o s’embolica  amb paper de cel·lofana i   plastilina,
i es fa fotos tot el dia  per  assegurar-se.
 I   parlen i riuen

Mentre, els    homes ploren     avergonyits:  
 han perdut els ceptres, l’escut  i les armes  
rebuts d’aquells   pares allunyats i antics 
que els armaren cavallers amb un missatge:
Plorar es cosa de dones i d’infants petits

Els han mentit.
Els homes volen braços i no barques, terra i no aigua
Ulls que els mirin i vegin i veus que els parlin
I un llit i sostre
 i  pa i  roses
I  plorar sense vergonya com  les dones i  els infants petits.
Dolors Renau
Sant Cugat, 2 gener 2016

Los hombres lloran.

Los hombres lloran.
Como una piedra contra el vidrio de la ventana
Se rompen en mil pedazos

Lloran algunos.
0 lloran todos, alguna noche .

Hombres que vienen de lejos
con los pies desnudos: han perdido los zapatos
por los desiertos o en  las aguas de  nuestro mar
al llegar a la playa.
Sentados muy juntos sobre la arena. Acurrucados,
Atizan fuegos con brancas y basura.
Las miran, las miran:
tiemblan demasiado las llamas, única luz en la noche ..
son ellos que lloran y lloran.

O en la ciudad, confundidos con la sombra de las paredes
caminan y caminan

por las calles de altavoces con luces de purpurina
 a las insaciables bocas de las tiendas.
Y los que van cargados de paquetes pasan.
Hablan y ríen
Ellos andan y andan.

Pero el aire en la playa y en  la ciudad
hiede a agua estancada, a lágrima no recogida.
Y ya no se respira bien
y la gente se explora el rostro en el espejo de casa
o se va al médico,
o se envuelve con papel de celofán y plastilina,
y se hace fotos todo el día para asegurarse.
Y hablan y ríen

Mientras, los hombres lloran avergonzados:
han perdido los cetros, el escudo y las armas
recibidos de aquellos padres alejados y antiguos
que los armaron caballeros con un mensaje:
Llorar se cosa de mujeres y de niños pequeños

Les han mentido.
Los hombres quieren brazos y no barcas, tierra y no agua
Ojos que los miren y vean y voces que los hablen
Y una cama y techo
y pan y rosas
Y llorar sin vergüenza como las mujeres y los niños pequeños.
Dolors Renau
Sant Cugat, 2 gener 2016

miércoles, 10 de febrero de 2016

El Perfil - Joan López

Hacía ya mucho tiempo que mi amigo venía diciendo que se le estaba hinchando cierta parte de su anatomía. Y a base de bien. ¡No se imaginan ustedes con qué contundencia solía decirlo! Fue por eso que, cuando volvió a escuchar por enésima vez aquello de “buscamos otros perfil” decidió que ésa sería la última vez que estaba dispuesto a oír esa frase.
El vocablo “perfil”, muy utilizado por los responsables de Recursos Humanos, tenía parte de culpa de dicha hinchazón. En esos departamentos, las empresas o entidades suelen catalogar, clasificar y determinar la valía de las personas en cuestión de minutos.
Por mi parte, no siendo un entendido en la materia, catalogaría su perfil como el de “el clásico currante de toda la vida”. Pero con matices importantes. Es decir, ciertamente se trata de uno de esos trabajadores que ya tienen el cuerpo acostumbrado a muchos madrugones, a las seis de la mañana, a las cinco y media o a la hora que convenga para llegar puntual a una dura jornada laboral. Pertenecía a esa clase de trabajadores que, además del salario, también buscaban el reconocimiento a su esfuerzo y la satisfacción del trabajo bien hecho, consciente de que no existe otra forma de ganarse el pan que con el sudor de la frente.
No podía ser de otra manera, pues así habían sido las cosas en su casa, así lo habían educado sus padres y los padres de sus padres, y así le habían enseñado que podría llegar a labrarse un porvenir. Tampoco me extrañó cuando me confesó en cierta ocasión, con cierta mezcla de arrepentimiento y rencor, que hasta no hace mucho presumía incluso de los años que era capaz de aguantar trabajando sin pillar un solo día de baja laboral por enfermedad, así estuviese agonizando. Realmente, cualquiera que sea el nombre técnico de su perfil oficial, les aseguro que ése es un aspecto que encaja perfectamente con el suyo. Lamentablemente, parece ser que estas cualidades ni siquiera tienen la categoría de perfil, y por lo tanto son despreciadas.
Pero ahora llegan los matices que vienen a enriquecer su valía, pues con la definición de “clásico currante” alguien podría pensar erróneamente que se trata de una persona muy trabajadora, sí, pero tal vez excesivamente rígida, adaptada a un trabajo rutinario y poco cualificado, algo así como “de la vieja escuela”. Nada de eso. Aunque sus inicios laborales, ya de jovencito, fueron duros y sus primeros trabajos no requerían demasiada cualificación, sé de buena tinta que a la vez que trabajaba, y gracias a su primer sueldo, consiguió realizar estudios universitarios, convencido de que el esfuerzo y la constancia traerían su recompensa. La vida nunca le había regalado nada. Siempre adaptable a las circunstancias y las necesidades del momento, ya sea trabajando en solitario o en equipo, nunca entendió a aquellos compañeros que solían decir “a mí no me pagan para hacer esto”. Como él decía a menudo, una vez está uno en su puesto, de lo que se trata es que salga bien el trabajo.
Con los años, tras una larga trayectoria laboral en un puesto mal pagado y desagradecido, y gracias a una experiencia laboral previa, llegó a trabajar en la Generalitat de Catalunya, en un cargo que requería cierta responsabilidad y conocimientos. Dado el nivel de enchufismo existente, es importante destacar lo de la “experiencia previa”. Y allí estuvo de forma intermitente durante casi cinco años, de contrato en contrato. De haber entrado quizás una década antes, y con un poco de esfuerzo, ya habría tenido trabajo asegurado para toda la vida. Pero para entonces la crisis ya estaba arrancando y los contratos de los que disfrutaba siempre eran temporales. Cuando no había trabajo, procuraba formarse en cualquier chorrada en algún curso de esos que ofrecen en los Servicios de Empleo, donde se ofrece de todo menos empleo, y que como todos sabemos sólo sirven para bajar de forma ficticia las cifras del paro, ya saben ustedes, que si Windows básico, que si un poco de Excel o Photoshop…. A veces reía diciendo que sólo le faltaba hacer macramé, sin saber mucho a qué se refería con eso.
Todo comenzó a complicarse cuando Artur Mas y su partido ganó las elecciones por primera vez, prometiendo que no habría recortes. Entonces, los recortes se intensificaron. A partir de ahí los contratos temporales eran cada vez más espaciados, y entre contrato y contrato se le iba agotando la prestación por desempleo. Buscar un trabajo alternativo en plena crisis se había convertido en una quimera, y cuando por fin regresaba a la oficina tras una larga travesía por el desierto, muchos de sus anteriores compañeros ya se habían quedado por el camino. Sencillamente no los habían reclamado. – ¿Cuándo me tocará a mí? – se preguntaba siempre angustiado. Y la angustia se le alojó en el estómago y le afectó también a los pulmones, pues los catarros comunes y las gripes se le complicaban al pillarle siempre bajo de defensas. Y cómo no, acabó alojándose también en su sistema nervioso. Sin contar con ciertas partes de su anatomía tendentes a la hinchazón, aunque ésta fuera figurada.
Finalmente, en un momento dado, más de 350 trabajadores de su departamento se quedaron en la calle de golpe, con la perspectiva de no volver nunca más. Él entre ellos. Por aquel entonces, las banderas independentistas ahogaban los gritos desesperados de aquellos cientos de trabajadores cuyo caso no era noticia. Cientos de empleados perdían también su empleo cada día, y eso tampoco era ya noticia.
- ¡Oh!- Si la autocensura de lo políticamente correcto me permitiera redactar las expresiones con las que él, con tan pocas, precisas y contundentes palabras, expresaba sus emociones y describía su experiencia de los hechos, estoy convencido de que los lectores de este relato, más allá de que alguien pudiera hipócritamente escandalizarse por el vocabulario empleado, podrían comprenderlo mejor.
Y así se encontró casi a los cuarenta años buscando trabajo como un desesperado, mostrando “perfiles” y tratando de “adaptar” currículos. En un momento dado me dijo que con esto de la crisis y habiendo tanto personal a escoger para los escasos puestos de trabajo, debía ser que estos de “Recursos Humanos” se veían obligados a reinventarse constantemente y ponérnoslo más difícil para justificar su empleo y sueldo, antes de que alguien descubra que lanzar una moneda al aire a cara o cruz proporcionaría a las empresas similares resultados a un precio más económico. De hecho, en una ocasión logró participar en un proceso de selección para un plan de ocupación de unos meses en un ayuntamiento en el que la fase final no fue otra que un sorteo aleatorio en base a un número asignado. Me dijo que tal vez fue el proceso más justo y equitativo de todos los que participó, aunque lo mismo le podía haber tocado una plaza a él, como a un individuo visiblemente perturbado que andaba por allí y no hacía más que repetir a todo el mundo que aquello era tongo, que estaba todo amañado, y afirmaba a gritos cosas muy feas sobre la profesión de la madre de la alcaldesa y de la propia alcaldesa. Por lo visto, ni él ni el perturbado tuvieron suerte.
Peor suerte tuvo un amigo común, suyo y mío, que a la sazón había participado en otro proceso de selección de otro ayuntamiento y acabó recibiendo una calificación de “No Apto” para un puesto de electricista, sector en el que había trabajado durante diez años. Surrealista.
Mientras tanto, fueron muchas las experiencias humillantes que sufrió a causa de los “perfiles” en empresas a las que él solía describir con cierta palabra escatológica. A veces también se refería a ellas simplemente pronunciando la consonante “M”. Trabajos de “M” con contratos de “M” y salarios de “M”. Aún así; -¡Qué desgraciado soy! -pensaba. Pues hasta la “M” se la negaban.
Trabajó unos días, quizás semanas, en eso que se llama telemarketing y que consiste en vender por teléfono. Parece ser que consiguió vender algunos trastos inútiles a inocentes ciudadanos que ni los necesitaban ni les sobraba el dinero para comprarlos, pero estando aún a prueba, un mal día en el que los nervios le hicieron una mala jugada, no alcanzó los objetivos establecidos. “No da usted con el perfil que buscamos”. -Le dijeron al finalizar la jornada.
En ese momento, se vio forzado a practicar una fuerte contención muscular con la que consiguió frenar a tiempo la repentina fuerza descomunal que impelía a su mano derecha salir disparada en forma de santísima hostia contra el perfil izquierdo de quien, pensó, al fin y al cabo, tampoco tiene la culpa. No es más que el mensajero. Sin embargo el esfuerzo de contención que realizó para evitar la catástrofe, no hizo más que agravar el problema de su hinchazón. No obstante, nada le impidió soltar un par de exabruptos y decir cuatro cosas bien dichas sobre los dichosos perfiles y dónde se los podían meter los de Recursos Humanos, lo cual le permitió rebajar la tensión muscular de la mano. Se marchó dando un portazo. Total de ganancias, unos treinta y cinco euros, sin contar gastos de transporte.
Tristeza, depresión, desmoronamiento de la autoestima. Las lágrimas brotaban mientras descubría que eso que le habían enseñado de que los hombres no lloran, simplemente no era cierto. Solo que algunos lo hacen a escondidas. No había pasado ni una semana cuando le llamaron otra vez de la misma empresa de telemarketing, pues había en marcha una campaña de tarjetas de bancarias y necesitaban personal. La vida, pensó, nunca dejaría de asombrarlo. Nunca había rechazado un trabajo y esta vez no haría una excepción, así que volvió a dicha empresa. Aquello duró lo que duró, y mientras tanto, procuró no cruzarse con la persona del portazo. Total de ganancias, ciento veinticinco euros, gastos de transporte incluidos.
Aún tuvo una racha de suerte y volvió a conseguir un contrato de interino en su antiguo departamento por un breve periodo de tiempo. Pero nada más. Eso le permitió superar sin ayuda de nadie el último palo de hacienda, pues todos sabemos lo que sucede cuando se acumulan varios pagadores en un mismo año. Nunca tuvo que pagar tantos impuestos como cuando menos se lo podía permitir.
En su continua lucha por la conquista del pan, fueron numerosas las anécdotas que se cruzaron por su camino. Realizó un curso de emprendedores en ESADE, para mejorar currículum y por aquello de intentar el autoempleo. Aprendió algunas cosas interesantes, otras que le escandalizaron, y a veces reía por no llorar cuando recordaba alguno de los consejos les daban en clase, como por ejemplo, que valía la pena invertir unos 20.000 euros en una buena página web para cualquier negocio. Total, dijo el profesor con desprecio, es lo que me cuesta un trabajador durante un año. Unos genios, estos de ESADE.
Cierto día, para aspirar a un puesto de venta de libros en unos grandes almacenes, de esos clasificados con una “M” y con contrato y sueldo de la misma categoría, le hicieron jugar con una pelotita que los aspirantes se iban pasando unos a otros mientras recitaban palabras encadenadas. Le obligaron a inventarse un cuento infantil sobre la marcha, a jugar a las adivinanzas… y no recuerda cuántas tonterías más (Sic). No era la primera vez que para una entrevista laboral le tenían casi una hora “haciendo el gilipollas”, tal y como lo describió, en una especie de circo donde más bien parecía que se reían de uno, cuando de lo que se trata es de algo tan serio como de encontrar un puesto de trabajo.
- Solo les falta que le pidan a uno hacer equilibrio saltando a la pata coja mientras hace palmas con las orejas- Ironizaba.
Pero lo peor de todo fue que, tras entregarse en cuerpo y alma a las payasadas que le exigían, el tribunal ya había dictado sentencia. Un tribunal formado, según su opinión, por un par o tres de “criajos” que seguramente no acumulaban más horas de vida que él en horas extras trabajadas. -¿Qué sabrán éstos? -Se preguntaba. Pero “éstos” le dijeron que no tenía el “perfil adecuado”. Claro que eso no se lo dijeron en persona, sino mediante correo electrónico. Nuestro amigo dedujo que eso de las tensiones musculares que impelen manos abiertas contra perfiles ajenos ya debía haber ocurrido antes, y en más de una ocasión, probablemente el sujeto debió de carecer de la capacidad de contención necesaria, así que estarían tomando medidas al respecto.
Nadie le dijo el porqué de su rechazo, si la edad, la formación…Estar parado con casi cuarenta años le acomplejaba bastante. Lo que sí tenía claro es que, al parecer, con estudios o sin ellos, con currículum o sin él, había quien opinaba que no servía ni para vender libros. Una humillación que agravaba insoportablemente la dichosa hinchazón que con la que comenzaba el presente relato.
Para colmo, la sombra de la sospecha que se cierne sobre cada parado, también le acechaba desde hacía tiempo. A pesar de que él mismo admite que durante el proceso de la búsqueda de empleo siempre existen momentos en los que el desánimo termina por hacer mella. Hay ocasiones en las que uno realmente se siente inservible, una especie de trasto viejo que no sabe dónde apartarse para no molestar, y parece ser que las instituciones son incapaces de ofrecer una ayuda eficaz una vez llegados a esta fase del proceso. Y en las otras fases tampoco.
La verdad es que quien no vive una experiencia de paro de larga duración de primera mano, es incapaz de entender lo que se siente y lo que se piensa, y me temo que pocos de los que actualmente gobiernan o pretenden hacerlo, lo han experimentado en primera persona. Por supuesto no faltaron amigos y familiares que intentasen echarle una mano, pero en esta crisis, incluso los privilegiados que por su estatus antes podían mirar por sus más allegados, ahora bastante tienen ellos con mantener su propio empleo.
Recuerdo un día en el que tomando un café, me habló de su servicio militar. Por su edad se vio obligado a realizarlo. Decía que era curioso cómo en aquel ambiente que se suponía duro y autoritario, y realmente lo era, resultó ser donde menos tuvo que madrugar, donde menos tuvo que trabajar, donde menos órdenes contradictorias tuvo que cumplir, y a pesar de no cobrar un sueldo, tenía garantizado lo que un sueldo ya no garantiza hoy en día, como es un techo, la ropa, la comida y las necesidades básicas cubiertas. Además parecía ser que entre los reclutas no se pedían perfiles, allí encajaban todos.
Finalmente, tal y como decía al principio y con un grado de hinchazón ya bastante importante, nuestro amigo volvió a escuchar por enésima vez aquello de “buscamos otro perfil”. Entonces recordó que no hacía mucho, un conocido suyo que años atrás había emigrado a Francia, le había contactado para explicarle que en aquel país había trabajo suficiente para quien quisiera trabajar. En el campo, claro está. Y como mi amigo lo que quería era trabajar, no se lo pensó dos veces. Tampoco podía permitirse el pensárselo mucho. Nada tenía ya que perder. El desempleo empieza por corroer la autoestima, y si se alarga acaba con cualquier proyecto vital, destrozando la vida social, de pareja, familiar… y eso es lo que ya le estaba sucediendo desde hacía demasiado tiempo. Pero ese ya es otro tema del cual, a pesar de su crudeza, no tengo permiso para profundizar en él, quizás por ser él poco dado a dramatizar. **
Lo primero que le sorprendió al llegar a aquel país fue que nadie le preguntó por los malditos perfiles. Solo estaban interesados en saber si mi amigo estaba dispuesto a trabajar duro. –Eso es lo mío. –respondió; con un ligero temblor en la voz que solo él fue capaz de percibir. El pánico a no estar a la altura le oprimía la garganta. Le presentaron al jefe, al cual todos llamaban “el patrón”. Eso le gustó, las cosas por su nombre, para bien y para mal. El patrón, que por fortuna hablaba también su idioma, le preguntó por su experiencia en el campo, y ahí, aunque no hubieron perfiles de por medio, sí que tuvo que echarle cara al asunto. Su única herramienta de trabajo en los últimos cinco años había sido el teclado de un ordenador.
–Humm… bueno… Algo de experiencia sí que tengo. –Respondió vagamente. A mi amigo nunca se le dio bien la mentira, ni aunque la disfrazase con eufemismos, y deduzco que eso debió ser una desventaja a la hora de buscar empleo frente a los que saben bien cómo “adaptar” currículos o “preparar” entrevistas a conciencia.
Parece bastante claro que, de haber mediado perfiles en el asunto, jamás le habrían aceptado. Aún así, sin más preámbulos, se le abrieron las puertas del campo y se echó al monte, literalmente. Huelga decir que los primeros días, físicamente le dolía hasta el alma. El aliento del patrón no se separó de su nuca durante días, hasta hacerle rendir como el resto de los compañeros que llevaban años en esas tareas, algunos de los cuales parecían haber nacido en el campo, en aquel campo en concreto, y haciendo aquellas tareas concretas.
Fue gracias a la solidaridad y la ayuda con la que fue tratado por parte de algunos de sus nuevos compañeros de trabajo, inmigrantes como él, que consiguió superarse a sí mismo. No exagero si digo que en algún caso, estando totalmente solo en un país extraño que sentía hostil, con una lengua y costumbres que no conocía, fue acogido como uno más de la familia por parte de quienes apenas acababan de conocerlo. Así pudo resistir día tras día, largas horas con las rodillas hincadas en el suelo, el cuerpo empapado de sudor, los brazos y el rostro acribillados por picaduras de insectos, la espalda molida y la piel chamuscada por el sol, mientras el calor le abrasaba la cabeza bajo la gorra.
Recogía fruta, limpiaba monte, arrancaba malas hierbas, montaba y desmontaba invernaderos a base de pico y pala...Comenzaba la labor poco antes de la salida del sol, y en ocasiones no terminaba la jornada hasta la puesta. Nunca faltaron las bromas y el sentido del humor en aquel ambiente. Era un ambiente muy distinto a lo que había conocido en aquel otro mundo de oficinas, competitividad, Recursos Humanos y perfiles. Sobre todo en los últimos años. Ni que decir tiene que me refiero solamente a su experiencia personal, la cual no ha de concordar con la de otros emigrantes ni ha de ser representativa de nada.
Cabe añadir que tras llevar una vida sedentaria y llena de penurias, sin dinero ni ganas para gimnasios y dietas estrafalarias, su físico se había resentido, ahora bastante mejorado a base de trabajo muscular, sol y aire puro, tal y como pude comprobar recientemente.
Así pues, en cuanto a los perfiles, dice mi amigo que los trabajadores solo tenemos dos, el izquierdo y el derecho, pero para trabajar usamos las manos, la cabeza, y también, según dice él, otras partes del cuerpo que… en fin… omitiré redactar la expresión por no entrar dentro de lo políticamente correcto.

A todo esto, no quiero terminar sin añadir una última anécdota. Analizando su recorrido y el contexto de crisis y recortes en el que se vio obligado a emigrar, y conociendo cómo rabiaba cuando veía que tanto por un lado como por el otro solo se hablaban de banderas y naciones, en mala hora se me ocurrió preguntarle cómo veía él desde su exilio francés la actualidad política de Catalunya. Por respuesta se limitó indicarme con un gesto qué partes de su anatomía, propensa a hinchazones, no debía volver a “tocarle” jamás, seguida de lo que probablemente fue una de las primeros expresiones que, mientras atizaba con el pico y la pala, debió aprender en la bella lengua de Víctor Hugo, Balzac o Molière: Putain de merde!
*Este relato, cuya redacción, en principio debía haber realizado mi amigo a petición mía, pues dada su experiencia me parecía interesante para un blog, finalmente la he acabado redactando yo con su permiso, al tiempo que me rogaba que puliera sus “palabras de rudo obrero agrícola”,pues con un perfil como el suyo, ironizaba, nadie le tomaría en cuenta.
**Por mi parte, le pido a mis lectores, que no se molesten mucho en averiguar si esta historia es cierta o ficción. Les puedo asegurar que la realidad no sólo supera la ficción, sino que en ocasiones, es incluso necesario suavizarla para hacerla creíble.

domingo, 7 de febrero de 2016

Luis Cuadrado, de la luz a la oscuridad.

Elías Querejeta y Carlos Saura  Luis Cuadrado en 1966 (la caza)

Luis Cuadrado . Director de fotografía, nacido en 1934 en Toro (Zamora) y muerto en 1980. Estudió los dos primeros cursos de Medicina, carrera que abandonó para ingresar en 1955 en la E.O.C (Escuela Oficial de Cine), donde se diplomó en 1962. Fue uno de los principales directores de fotografía del cine español. Director habitual de las películas producidas por Elías Querejeta. Es uno de los puntos de referencia de la nueva fotografía que el cine español tiene a partir de finales de los años sesenta. Se vio obligado a dejar el cine en 1976 víctima de una grave enfermedad que le dejó ciego. Falleció cuatro años después, cuando apenas tenía 47 años.

Luis Cuadrado se inició en la profesión como operador de cine, para luego pasar a convertirse en el director de fotografía, lo respalda una amplia filmografía que sobrepasa los ochenta obras, aprendió el oficio en la Escuela Oficial de Cinematografía y supo ingresar en el círculo hermético en que se había convertido el mundo de los operadores, quienes hasta entonces, egoístamente guardaban el secreto de su técnica. Si bien su formación es académica, no puede negarse que, a lo largo de su extensa carrera, pudo profundizar su conocimiento de la técnica y aprovechar al máximo las oportunidades creativas de la iluminación para el cine.

Entre las películas en las que Luis Cuadrado intervino como director de fotografía figuran obras tan representantivas como La caza, El jardín de las delicias y Peppermint frappé, de Carlos Saura; Mañana será otro día y Un invierno en Mallorca, de Jaime Camino; Juguetes rotos y Adiós, cigüeña, adiós, de Summers; El espíritu de la colmena, de Víctor Erice; Hay que matar a B y Furtivos, de JoséLuis Borau; El amor del capitán Brando, de Jaime de Armiñán; La regenta, deGonzalo Suárez; Pascual Duarte, de Ricardo Franco, y Emilia, parada y fonda, de Angelino Fons, además de otras de muy diversos autores españoles y extranjeros.

Cuadrado rompe con la estética gris de las películas franquistas, así como con los colores chillones de las comedias, claramente influenciadas por el cine publicitario, suavizando los tonos fuertes que registraba el negativo de  Kodak. Los paisajes típicos de tarjeta postal o los colores brillantes de la ciudad, darán paso a paisajes donde las sombras jueguen en contrapunto con las luces, las texturas tengan su protagonismo y los interiores ofrezcan una luz íntima, metafórica.

Como la película no capturaba el aspecto natural de la realidad, había que recrearla de manera creativa. Indagando esas posibilidades, Luis Cuadrado se dedicó a manipular el claroscuro, buscando en los contrastes de luces y sombras la tonalidad y la calidez de la luz necesaria para expresar una atmósfera que evocara sentimientos y provocara emotividad. Para ello, no dudaba en utilizar emulsiones ultrasensibles, luces rebotadas (originadas por complejas combinaciones de pantallas blancas y filtros) o un minucioso tratamiento de la copia en el laboratorio, porque como él decía: "La película es incapaz de reproducir las cosas tal como son al natural; esa naturalidad  hay que inventarla, recrearla, y eso hay que hacerlo artificialmente, con aparatos, con luces, con viseras, con gasas, con emulsión".

Hay, en Cuadrado una búsqueda de realismo, pero un realismo expresionista, capaz de reproducir una sensación de realidad que, a la vez, provoque en el espectador una determinada emoción. Esa relación entre la historia y la poesía, presente, sobre todo en el cine de Erice, se debe también a una teoría y a una práctica estudiada y propuesta por el director de fotografía. .
. «No olvidemos que Luis Cuadrado es hijo de un restaurador de vidrieras, y que desde niño vio trabajar a su padre en las catedrales. Convirtió las pantallas en ventanales e impuso su propia estructura de luz y color al cristal transparente», añadió Suárez.

El trabajo de Cuarado.

Los espacios abiertos y rurales, como los bosques verdes o los paisajes agrestes, donde se desenvuelve la historia de Habla, mudita (Manuel Gutiérrez Aragón, 1973),  los entornos cerrados, donde se esconden los personajes de Furtivos (José Luis Borau, 1975) o la laberíntica casa bañada de luz, pero que es una verdadera prisión para los habitantes de El jardín de las delicias (Carlos Saura, 1970) son algunos de los entornos característicamente iluminados por Luis Cuadrado.

La caza, de Carlos Saura De sus primeros trabajos en blanco y negro es La caza (Carlos Saura, 1966), donde se nos ofrecen amplias panorámicas del campo español, exteriores que bien podrían haber sido iluminados con la brillantez del sol del verano. Sin embargo, Cuadrado utiliza fotografía de alto contraste y busca una tonalidad mate para conseguir mayor realismo en un paisaje, cuya principal característica es la aridez bajo un sol candente, que acompaña el encuentro, años después, entre tres veteranos de la Guerra Civil, para cazar conejos en un campo que aún tiene las huellas de la batalla. Su relación se irá deteriorando, debido a los resentimientos que surgen entre ellos, y desembocará en situaciones violentas hacia el final del día, cuando la atmósfera se haya vuelto más opresiva. Una trama que comienza con cierto dejo costumbrista para derivar en el desenlace dramático, con el paisaje como protagonista.

Nocturno 29 (Pere Portabella, 1968), Cuadrado experimenta con el negativo de sonido para obtener una imagen granulada que le dé la atmósfera deseada a una película vanguardista, inscrita en la denominada "escuela de Barcelona", que tiene entre sus protagonistas a uno de los rostros más bellos y enigmáticos de la pantalla española, el de Lucía Bosé.

Pascual Duarte, la película donde Cuadrado crea los ambientes opresivos, fríos y lacerantes, en los que Pascual Duarte (Ricardo Franco, 1976) pasa su existencia. El  campesino analfabeto de la novela de Camilo José Cela consigue sus objetivos a través de una violencia cada vez mayor. Una violencia aparentemente injustificada, pero que en la película de Ricardo Franco se convierte, a través de tomas largas, en la desacreditación de la ideología franquista acerca de la mítica meseta española donde debe desarrollarse el hombre puro. Dos semanas antes de terminar el rodaje de este film, Luis Cuadrado debió abandonar el set de filmación por una dolencia de la vista (vaya paradoja de la vida) y fue reemplazado por quien sería su alumno más fiel: Teo Escamilla.

La prima Angélica La dicotomía campo-ciudad aparece en La prima Angélica (Carlos Saura, 1973), con su entorno rural del pasado, durante la Guerra Civil, y el urbano donde el protagonista permanece "atrapado" por las circunstancias políticas, junto a su familia políticas, junto a su familia franquista. La meseta castellana y sus sólidos edificios planos fueron fotografiados tomando en cuenta las texturas y utilizando el claroscuro, para ofrecer un paisaje árido donde se pudiera desenvolver una historia que sudara su etapa violenta. Para lograr una estética despojada, austera, donde los edificios aparecieran como pesados bloques y la meseta como una tierra estéril, Cuadrado utilizó película mucho más sensible, que permitiera el uso de luz natural para filmar en los interiores, así como la captura del alba y del ocaso en los exteriores.


“El Espíritu de la Colmena” fue rodada casi íntegramente en la localidad segoviana de Hoyuelos, empleando el citado estilo minimalista de Cuadrado, que vendría a ser una versión modesta –por la escasez de medios- de la Nouvelle Vague o de las nuevas tendencias de fotografía realista que llegaban de Italia o Inglaterra. Es decir, que donde sus afortunados compañeros de generación podían permitirse el lujo de emplear miles de vatios para recrear los efectos reales de la luz solar, Cuadrado se las ingenió para reproducir efectos estéticos de aspecto natural con muy pocos aparatos de luz, gracias al empleo de ópticas a grandes aperturas de diafragma o a técnicas como el revelado forzado de la emulsión.

El espíritu de la colmena,  es su obra culminante, aquella que tiene estatus de maestra, es El espíritu de la colmena, cuya luz acompaña la sorpresa de Ana frente al monstruo amigable del cine, o los interiores cuya luz baña a los adultos en su solitaria comunión consigo mismos... Ubicada en la meseta castellana, la vida de los personajes transcurre en un pueblito, que como cualquier otro de esa época, sufre las cicatrices de la Guerra Civil y la presencia omnisciente de la política falangista.

El film de Erice contiene, en su inmensa carga poética, una gran influencia pictórica, sobre todo, en su intención por explotar el claroscuro y obtener, ya sea mediante la iluminación natural o artificial, atmósferas cálidas y volúmenes de fuertes contrastes (como los que componen el ambiente donde la madre escribe su carta, o el estudio, donde el padre anota sus observaciones sobre el comportamiento de las abejas). La luz que se cuela por los ventanales, de pequeños vitrales que asemejan una colmena, está virada hacia el amarillo, obteniendo así una atmósfera de fuerte carga emocional y poética; o fantasmal, cuando las sombras de las niñas que juegan inocentemente sobre sus camas, se reflejan agrandadas sobre la pared, dando la sensación de un peligro latente, que se cierne sobre las pequeñas.


1978 Entrevista Homenaje a Luis Cuadrado
Luis Cuadrado murió en 1980, cuando apenas tenía 47 años. Sus últimos días no fueron felices. Su sino trágico no fue morir joven, sino sufrir una repentina ceguera que lo sumió en la oscuridad durante sus últimos años. Como puede verse, lo respalda una amplia filmografía que sobrepasa los ochenta filmes y que lo convierte en el responsable de la memoria cinematográfica de una larga y significativa década, dejándonos como legado imágenes imborrables.


Filmografía:

Memoria (1978)
Mi primer pecado (1977)
Emilia... parada y fonda (1976)
Pascual Duarte (1976)
La muerte del escorpión (1976)
Furtivos (1975)
El clan de los Nazarenos (1975)
Il bianco, il giallo, il nero (1975)
Hay que matar a B. (1975)
La regenta (1975)
El amor del capitán Brando (1974)
La prima Angélica (1974)
Proceso a Jesús (1974)
Las cosas bien hechas (1974)
Mi profesora particular (1973)
El espíritu de la colmena (1973)
Verflucht, dies Amerika (1973)
Habla, mudita (1973)
Ana y los lobos (1973)
Diabólica malicia (1972)
La banda J.S.: Cronaca criminale del Far West (1972)
Condenados a vivir (1972)
La casa sin fronteras (1972)
Lejos de los árboles (1972)
Mi querida señorita (1972)
Carta de amor de un asesino (1972)
Adiós, cigüeña, adiós (1971)
Los jóvenes amantes (1971)
Goya, historia de una soledad (1971)
Consejos a los rumiantes (1971)
Pastel de sangre (1971)
El jardín de las delicias (1970)
Las secretas intenciones (1970)
Un, dos, tres, al escondite inglés (1970)
Las sepulcrales (1970)
Permanencia del arabesco (1970)
Del amor y otras soledades (1969)
Los desafíos (1969)
La madriguera (1969)
Cantando a la vida (1969)
España otra vez (1969)
Deseoconsumo (1969)
Jutrzenka (1969)
Urtain, el rey de la selva... o así (1969)
Stress-es tres-tres (1968)
El Baldiri de la costa (1968)
Si volvemos a vernos (1968)
Nocturno 29 (1968)
Tierra madre (1968)
Peppermint Frappé (1967)
De cuerpo presente (1967)
Valencia de Blasco Ibáñez (1967) (TV)
Último encuentro (1967)
Catch (1967)
La costa Brava (1967)
No contéis con los dedos (1967)
Sábado en la playa (1967)
Juguetes rotos (1966)
La caza (1966)
Maestros del duende (1966)
Mañana será otro día (1966)
Unos chicos, unas chicas (1966)
España insólita (1965)
El Memorial del agua (1965)
San Juan del Toro (1965)
Los seis días (1964)
Potencia para el desarrollo (1964)
Vitoria Stop (1964)
Vizcaya cuatro (1964)
Turno de noche (1963)
El borracho (1962)
A través del fútbol (1962)
Capital Madrid (1962)
Felipe el Hermoso (1962)
Jueves Santo (1962)
Minas de Riotinto (1962)
Playa insólita (1962)
Un martes (1962)
Cuartelazo (1961)
La lágrima del diablo (1961)

viernes, 5 de febrero de 2016

Decidme cómo es un árbol, - Marcos Ana



Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire
recítame un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre
decidme cómo es el beso de una mujer
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.
Aún las noches se perfuman de enamorados
que tiemblan de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa?
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa
22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas
su olor, su aroma
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.
Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron,
no puedo seguir
escucho los pasos del funcionario
Marcos Ana

Enlaces:

Autobiografía - Marcos Ana

miércoles, 3 de febrero de 2016

Y parecía tonto…......José Luis Úriz Iglesias

José Luis Úriz y Pedro Sánchez
No resulta un título con intenciones peyorativas, sino significa simplemente una alusión a esta popular frase que se emplea cuando alguna persona nos sorprende, generalmente para bien, después de acciones o comportamientos inesperados.

Esa misma frase se está repitiendo en las mentes de muchas gentes de nuestro país referida en esta ocasión a PedroSánchez. Desde que hace un mes despertó de su letargo con su inesperada visita Portugal, como aviso de que estaba por un gobierno parecido aquí, no ha dejado de sorprendernos.

Pedro Sanchez y  António Costa 
Después se han sucedido los movimientos sorprendentes; acuerdo con ERC y DyL para permitirles grupo propio en el Senado que sonaba a pacto de su abstención en una hipotética investidura, su conversación, de la que por cierto apenas han trascendido los términos, con el nuevo President de Catalunya, Carles Puigdemont, o la foto posterior con Andoni Ortuzar ganándose el voto afirmativo de PNV, auguraban igualmente una distensión con la periferia.

Esa inesperada iniciativa de quienes todos sospechaban era rehén de los barones y baronesas de su partido, obligó a Podemos a un movimiento igual de inesperado, ofrecerse para participar en un hipotético gobierno presidido por él.

Habían caído también en la trampa diseñada por un chico corriente. Que Podemos eliminara las líneas rojas planteando implicarse en un gobierno de coalición, era el mejor premio que podía recibir su audacia. Habría sido terrible situarse un una posición de que sólo le apoyaran para la investidura quedándose fuera ziriqueando, criticando cada decisión tomada por su gobierno.

Un gobierno de coalición, un Gobierno del Cambio como les propuse denominarlo en los sendos escritos que les envié a ambos la semana pasada con éxito según parece, supone convertirse en corresponsables de los aciertos y también de los errores, sufrir en propias carnes el desgaste del poder en momentos de crisis, las presiones que seguro va a sufrir por parte de los poderes fácticos y de Bruselas. Es una inmejorable noticia para Pedro Sánchez y a demás con el añadido de la torpeza de la puesta en escena, sus continuos desprecios de nuevos ricos, que le sitúa como víctima de los ataques de  derecha e izquierda y ya se sabe que en este país el victimismo vende.

Sólo le quedaba desbloquear la situación interna y nuevamente vuelve a sorprender con dos movimientos que desactivan a la poderosa maquinaria de sus enemigos. Logra un consenso para la fecha del próximo Congreso del PSOE, atando que la elección de Secretaría General sea por primarias que aún no quedaba claro y plantea que cualquier acuerdo de gobierno deberá ser refrendado por las bases del partido, por las afiliadas y afiliados.

Consciente como es que la inmensa mayoría reniegan de cualquier movimiento que permita al PP, sea Rajoy o no, seguir enla Moncloa y tampoco desea nuevas elecciones en las que los socialistas saldrán más debilitados aún ha sido un movimiento genial que ha dejado a barones y baronesas perplejos.

De acuerdo en que ese referéndum no es vinculante pero alguien en su sano juicio cree que con una abrumadora mayoría a favor de ese Gobierno del Cambio el Comité Federal va a votar algo diferente? No es vinculante pero si va a ser decisivo.

Ahora queda lo más difícil, llegar a acuerdo con Podemos y cerrar definitivamente los votos favorables de IU y PNV, más la abstención, que no parezca pactada, de ERC y DyL. ¿Difícil, pero imposible? No, evidentemente no, posible, asequible.

Si a PSOE, Podemos e IU les une el 99 % del programa social por qué no intentarlo y conseguirlo? ¿Por qué condenar a su base social a cuatro años más de sufrimiento? Cierto es que ese Gobierno del Cambio no podrá hacer milagros, que la crisis no desaparecerá con él, ni las injusticias, ni el paro, pero lo que si resulta seguro es que se paliarán, que al menos tendrán un tratamiento más justo, más humano, más cercano. Que además la praxis política sufrirá la profunda regeneración imprescindible, que exige nuestra sociedad.

Pablo Iglesias y sus boys tienen la obligación moral, ética, de ponérselo fácil, de no poner más palos en las ruedas, bastantes le ponen ya nuestros enemigos. La responsabilidad es de ambos, sí, pero es tiempo de estadistas, de gentes con la altura de mira propia de la izquierda, de audacia como la suya, pero también imaginación y dosis ingentes de generosidad y ahí Podemos debe hacer su catarsis correspondiente. No se puede ofrecer un pacto y al mismo tiempo sacudir estopa a tu futuro socio un días sí y el otro también.

Pedro Sánchez nos ha demostrado a todos que efectivamente “parecía tonto” pero no lo es, que está dispuesto para el cambio y además es consciente de que es su única, su última oportunidad de seguir en política, de hacer historia, de convertirse en un Presidente para ser recordado por las generaciones venideras. Es su momento, es el momento de la izquierda y ni podemos, ni debemos desaprovecharlo, sería una gravísima irresponsabilidad una traición  a nuestra gente. 

José Luis Úriz Iglesias